Un rayo de esperanza
La derogación del llamado “impuesto al sol” en 2019 fue el rayo de esperanza que necesitaban José Manuel Rodríguez, Vicente Ferrer y Juan Luis Cabeza para materializar una idea que les rondaba desde hacía tiempo, la de crear una marca propia que defendiera la energía solar que cualquier persona puede “generar” desde su propia casa.
Según el Informe de Energías Renovables de Red Eléctrica de España (REE), la energía solar fotovoltaica creció un 22,8 % en 2024, y se situó como la tecnología con mayor potencia instalada del país, por delante de la eólica. A nivel regional, Andalucía y Extremadura son las comunidades con mayor potencia solar fotovoltaica instalada.
“Por un lado, empezamos a trabajar con el objetivo de reducir los efectos del cambio climático y de las emisiones de CO2, y por otro, como ya hacíamos en proyectos anteriores, con la intención de generar empleo de calidad para personas en riesgo de exclusión social”, explica Juan Luis Cabeza.
Avanzar hacia un modelo energético más justo y equitativo es esencial para garantizar el bienestar social. Según se recoge en el XV Informe sobre el Estado de la Pobreza, de EAPN, en 2024 el 17,6 % de la población no pudo permitirse mantener su vivienda a una temperatura adecuada.
Social Energy. Su propio nombre ya indica que no se trata de una corporación de renovables al uso. El término social define uno de sus propósitos fundamentales. Como comenta Juan Luis, “la mayoría del personal son menores de 30 años que comienzan en la empresa con una formación en la que adquieren competencias, obtienen un certificado de profesionalidad y, después, se incorporan a trabajar”.
Una oportunidad clave en un momento en el que solo el 72 % de las personas españolas de entre 25 y 29 años están ocupadas, lo que sitúa a España en la tercera posición más baja de la Unión Europea, según datos de la Fundación de Cajas de Ahorros (FUNCAS).
Energía que transforma realidades
Más de 13.000 personas y empresas integran la clientela de la compañía y reflejan ya la luz del cambio en todo el territorio nacional. Con delegaciones en Barcelona, Valencia, Madrid, y la sede central en Alcalá de Guadaíra, Social Energy impulsa un cambio positivo que, a través de la excelencia y el trabajo diario, la ha consolidado como un referente del sector.
Como destaca Juan Luis, “actualmente contamos con un 7 % de cuota de mercado. Si tenemos en cuenta que se trata de un sector muy atomizado, con miles de compañías, es un porcentaje muy significativo”.
Desde viviendas particulares hasta grandes cubiertas industriales, las instalaciones de Social Energy acercan la autosuficiencia energética a miles de familias y empresas. En su caso, el 90 % de las instalaciones se realizan en viviendas, un dato que refleja el compromiso con el ahorro doméstico y el apoyo a la energía accesible. Son datos que que se sustentan en el trabajo diario de las personas, su verdadero capital.
“Cada día nos batimos el cobre para revalidar el liderazgo nacional, porque somos una empresa 100 % alcalareña, 100 % sevillana y 100 % andaluza”, afirma Cabeza. Y es que, como él mismo explica, en Social Energy no existe el capital extranjeroy “el único capital son las personas y el talento humano”.
Y en este camino de “democratización de la energía”, como les gusta definir a la transición energética, no se olvidan de predicar con el ejemplo. El índice de energía renovable en sus sedes es superior al 90 %, un porcentaje que se repite en el en los residuos reciclados.
Reducir el impacto ambiental forma parte su ADN, un compromiso que se traduce en la mejora continua de sus procesos y en la búsqueda de la neutralidad climática. Un proceso en el que tienen muy en cuenta los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Como se recoge en su última memoria de sostenibilidad: “la Agenda 2030 es la brújula que sirve de referencia para materializar el esfuerzo”.
Una oportunidad de futuro
Detrás de cada instalación se esconde una historia de superación. Jóvenes que encuentran un futuro en la transición ecológica, donde la energía limpia se convierte en una verdadera moneda de cambio, la de la oportunidad.
Con el propósito de generar impacto positivo en la sociedad, desde Social Energy se ofrece la oportunidad de acceder a un programa de formación integral diseñado por profesionales del ámbito académico y psicológico. Como comenta Juan Luis Cabeza, “todas las personas que aceptan la oportunidad que les brinda Social Energy acceden a un programa de formación en administración, comercio, marketing e inglés, en el que el profesorado las orienta según sus habilidades”. En 2024, el 62,5 % de las personas que accedieron al programa de formación fueron contratadas.
El desarrollo de competencias personales y sociales es clave para definir el recorrido en la compañía de cada participante. Antonio Lietor, responsable de Marketing, nos recuerda cómo hasta su llegada a Social Energy nadie había reparado en sus ganas insaciables de adentrarse en este mundo:
“Social Energy fue mi primer contacto con el marketing. Antes me dedicaba a la hostelería. Aquí empecé a conocer cómo funcionan los procesos, las tareas, y cogí confianza y experiencia. En cualquier otro sitio no me hubieran dado esa oportunidad, y te puedo decir que todo lo que he aprendido aquí no lo habría aprendido en una agencia de marketing”.
A este joven de Alcalá de Guadaíra trabajar en el mundo de las renovables no se le había pasado nunca por la cabeza. Se podría decir que la transición energética le ha dado una oportunidad. Gracias a Social Energy, ha podido formarse y trabajar en su propia localidad, un hecho que demuestra que la revolución verde también puede servir para fijar población y generar empleo de calidad en el territorio.
Historias como la suya reflejan el verdadero motor del negocio: jóvenes con talento y con ganas de demostrar lo que pueden conseguir y que por fin encuentran un espacio donde construir un futuro digno.
El testigo lo recoge ahora Antonio Leal, responsable financiero de Social Energy, a quien esa oportunidad le ha cambiado la vida. “Llegué a Sevilla hace siete años y ya he hecho mi vida aquí. Me han dado una oportunidad económica y decrecimiento laboral no solo en experiencia, sino también en actitudes, capacidades y demás bagaje, que me abre puertas en la vida, no solo en la empresa”, asegura.
Dos testimonios que se suman a una larga lista de historias de éxito en empleabilidad y que demuestran que la reinserción social, el arraigo en los territorios, el empleo estable y la transición ecológica pueden, y deben, ir de la mano.
Impacto positivo que se traduce en datos
Más de 10.000 instalaciones fotovoltaicas realizadas durante 2024 posicionan a Social Energy como un agente clave en la reducción de emisiones de CO2. Esas cifras no serían posibles sin el compromiso, el esfuerzo y la dedicación de las más de 460 personas que conforman su plantilla. Un compromiso que también se reconoce con la posibilidad de crecer y formarse de forma continua y desde dentro. “Si necesito una persona para administración o secretaría, por ejemplo, antes de buscar fuera busco dentro de la empresa quién puede desarrollar esa función”, asegura Leal.
Un entorno de trabajo inclusivo, diverso, ético y respetuoso, en el que la falta de estudios previos, la orientación sexual o el origen no son una barrera para avanzar. La inserción sociolaboral de la que presume la entidad pasa también por impulsar el compromiso real con la igualdad de género y el empoderamiento femenino, lo que se materializa en que más de la mitad del alumnado en formación son mujeres, un dato muy relevante en un sector históricamente masculinizado.

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